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En este trabajo nos proponemos plantear arqueológicamente y utilizando las fuentes de la etnohistoria que la sociedad cañari vivió en la cordillera de Chilla, al suroeste de los Andes, en el territorio del Ecuador. A pesar de la fuerte invasión incaica, que al parecer borró gran parte de vestigios, se observó que ciertas evidencias perduraron a través del tiempo. Lo que defendemos aquí es que algunos indicadores, entre ellos la pacarina o adoratorio ubicado en la parte más alta de los cerros, identifican a esta sociedad, encarnaron su origen y fueron una fuente de poder y control.
Consideramos que este monumento sacro se encuentra presente en todos los sitios de la región cañari, desde el sur de la provincia de Chimborazo hasta las estribaciones suroccidentales de la provincia de El Oro y probablemente también en su límite oriental.
Se analizan además indicadores, como las técnicas constructivas de sus monumentos, hechos generalmente con tierra y madera, cuya práctica todavía permanece en construcciones actuales como legado cultural prehispánico. La utilización de cerros piramidales como cerros tutelares, entre otros rasgos, demuestra la presencia de esta sociedad en la región.
Se describe su naturaleza y se observa que los cañaris ejercían una coalición coyuntural y política, más allá de una simple unidad cultural.
Se plantea que un camino secundario preinca, en dirección noreste-suroeste, atraviesa las cordilleras de Chilla y Tahuín, desde Cañaribamba hasta la región del río Tumbes, camino que es reutilizado por los incas.
Los cañaris, en su último período, vivieron el dominio de la ocupación incaica; es decir, su organización social y política y su cultura material fueron reutilizadas a conveniencia de los invasores. El sitio Guiñayzhu es un ejemplo de lo que ocurrió en el suroeste andino del Ecuador durante la expansión de la sociedad inca. |
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